Terminé de leer la obra del escritor vanguardista Octave Mirbeau; «El diario de una sirvienta» publicada en 1900. Especificiamente, he leído la edición de editorial Posada, publicada en 1972 en México D.F.
Es importante mencionar esto porque esta edición cuenta con dibujos de Luis Chavez Peón, que con sumo respeto al artista debo decir que no le hacen justicia al contenido a la obra de Mirbeau.

Esto lo menciono como una advertencia al lector, y no una ofensa al artista, en caso de que se quiera leer específicamente esta edición. Los dibujos cumplen su cometido en representar situaciones picarescas que pueden surgir entre servidumbre femenina y patrones masculinos. Pero estos dibujos deben tomarse con cautela, y no tomarlos como una descripción gráfica de lo que acontece en la novela.
Pero basta de advertencias y hablemos del libro en si. La novela me ha gustado mucho, a pesar de ser una historia breve de no más de 200 páginas. La protagonista principal te cautiva por su inteligencia, energía juvenil y sensibilidad oculta tras una máscara de rudeza y desconfianza. Por momentos, la actitud de la joven sirvienta pueden exasperarte consecuencia de su inmadurez, pero al fin de cuentas, es el reflejo de una jovencita intentando salir adelante como empleada de una casa de aburgesados en una campiña de su natal Francia.
Mirbeau exquisitamente describe la notoria tensión sexual entre la protagonista y su patrón. Y brillantemente consigue relatar la marea de emociones que emanan del juvenil corazón de la sirvienta ante tal situación. La descripcíon de los demás personajes también es excelente y la historia concluye con un final que me sorprendió enormemente y que seguramente a usted, futuro lector, también sorprenderá.
Como reflexión personal debo admitir que aprecio mucho obras publicadas entre el siglo XIX y principios del XX. Los tumultos y cambios drásticos de esa época quedaron inmortalizados en muchas obras y esta en particular nos ofrece el breve pero significativo comentario sobre un importante episodio historico de la Francia de finales de siglo XIX.
En conclusión, esta obra clásica del decadentismo francés es una elegante narración que permite al lector adentrarse a los pensamientos de una doncella doméstica en la Francia provincial del siglo XIX. La obra no es pornográfica ni erótica, más bien es una novela picaresca elegantemente escrita que narra las vivencias de una jóven sirvienta navegando entre la tensión sexual con su patrón, la amargura de sus compañeros trabajadores y la incertidumbre por un futuro mejor para su vida.

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