El pasado fín de semana, en muchos rincones del orbe, se recordó a los difuntos, los que se fueron, y con respecto a las creencias de algunos, los que nos esperan en algún lado más allá de la consciencia humana.
Sin embargo, también se recordó lo misterioso, el amor humano por la fantasía, y por el mito. El animal humano, ya lo han escrito miles de pensadores, necesita de sus mitos, de sus misterios, de ser un arquitecto(a) de sus historias fantásticas para aliviar el miedo intrínseco a la muerte inminente.
Hoy en día, con los avances de la tecnología, ha renacido un movimiento por la búsqueda de la inmortalidad. Los «alquimistas» modernos encuentran apoyo en la ciencia contemporanea para sustentar sus ideales de inmortalidad. No estamos viendo nada nuevo, con excepción de los instrumentos tecnológicos que en efecto, no se había visto nada así antes. Pero el miedo humano a la muerte ha estado latente, quizás desde el origen de nuestra especie.
Sin embargo, hay una enseñanza más profunda, más exquisita, más útil que va más allá de la negación o necesidad de escapar de la muerte. El entendimiento sobre el concepto de impermanencia.
Todo es un ciclo, hasta el universo, y el átomo, tuvieron su origen. ¿Hacia dónde vamos como habitantes del universo? Quién sabe. La cosmología moderna también tiene sus dudas. ¿Qué nos queda?
Apreciar la belleza de la flor que mañana marchita. Amar a la mascota adorada pues más tarde puede exalar su último aliento. Llamar hoy al amigo(a), al abuelo(a), al padre, a la madre, al hermano(a) olvidado, quizás mañana ya se han ido.
Hoy, es el día de apreciar, a pesar de las calamidades de la civilización, lo maravilloso de vivir en este planeta. El entender que la Impermanencia, nos hace valorar el privilegio de estar vivos. Nos hace apreciar el vuelo de la mariposa, el canto del ave, el susurro del viento, la belleza de la luna, el calor del sol, el exquisito aroma de una taze de té.
Hoy, es el día para apreciar todos esos regalos existenciales, que si ponemos atención, respiramos profundo y hacemos a un lado el pesimismo contemporaneo que nos han impuesto, podemos apreciarlo y valorarlo. Porque quizás mañana sea muy tarde. Hoy es el día, porque hoy estás vivo(a), mañana…quién sabe.
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